Enigmática región donde los confines de la tierra se unen con el cielo y el mar... Donde coexisten sueños y realidades, luces y sombras, recuerdos y fantasías...
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miércoles, 2 de enero de 2013
Mundo digital, ¿cultura de la superficialidad?. I
>>> Con este post comienzo a copiar en el blog este pequeño ensayo que ha aparecido en el número 103 de la Revista Cultural Turia, y que considero de lectura aconsejable y muy interesante... Estará dividido en seis posts, las mismas partes en que lo secciona su autor....
Germán Cano.
¿Vivimos a raíz de la implantación universal de Internet un proceso de decadencia cultural?. En un sugerente y sintomático libro de conversaciones entre Peter Sloterdijk y Alain Finkielkraut (Los latidos del mundo, Amorrortu, 2003), ambos ilustran las monstruosas metamorfosis de nuestro tiempo recurriendo a las metáforas de «lo ligero» y «lo pesado». En el pasado, el llamado progresismo, caricaturizando y simplificando mucho el diagnóstico, representaba una tendencia orientada a aligerar la vida y la superación de las cargas indignas sobre el hombre, mientras que los conservadores buscaban reaccionar ante esta levitación general subrayando el peso trágico del mundo. Hoy, en cambio, las tornas parecen haber cambiado. Tras las transformaciones del siglo XX, no sólo los conservadores defienden ya un concepto de realidad duro, correoso, quizá más sombrío y resistente a la voluntad prometeica. Por otro lado, como ponen de manifiesto los «neocons» norteamericanos, no sólo los progresistas esgrimen ya la bandera de la movilización técnica incesante, del aligeramiento propiciado por el progreso incesante y la levedad informativa. No olvidemos tampoco cómo este ideal antigravitatorio descansaba también en la popularización y democratización de la información. Allí donde el viejo mundo se observaba a sí mismo desde la verticalidad, el nuevo se siente comprometido fundamentalmente con la horizontalidad.
En relación con esta utopía de la levedad, podría afirmarse que la figura de Steve Jobs nos ha hecho reflexionar sobre cuánto se ha transformado, por ejemplo cuenta que el co-fundador de Apple odiaba los botones hasta el extremo de suprimirlos de su propia indumentaria. El gran gurú de la digitalización, obsesionado por la sencillez, los consideraba simplemente un obstáculo innecesario en su vida cotidiana. Todos sabemos también en qué medida esta ideología del acceso cómodo e inmediato a la información ha modificado de forma irreversible la tecnología de nuestros ordenadores y nuestra relación con ellos.
Volviendo a las utopías de la levedad, hay que recordar que la marca Apple no puede entenderse sin el modelo utópico contra-cultural de los sesenta. En su juventud Jobs se interesó por la filosofía y llegó a viajar a la India en busca de iluminación espiritual. A su vuelta, introduciendo el discurso new age en la tecnología, terminó eliminando las mediaciones, las etiquetas, las jerarquías y la retórica. Este «capitalismo sin fricciones», antigravitatorio, extremadamente ligero y líquido, del que Jobs fue el gran abanderado, nada tiene que ver con la pesada maquinaria del antiguo capitalismo y sus viejos valores ascéticos y disciplinarios. En realidad, nada más opuesto al elegante y aséptico minimalismo del mundo creado por él que los viejos paisajes industriales, el sudor, la disciplina y el esfuerzo. Un ejemplo elocuente del lema jobsiano del «Hazlo simple»: el ascensor de la Apple Store en Tokio carece de todo tipo de botones. No hay botón de llamada, ni botones para indicar la planta a la que deseas ir. Simplemente subes y bajas parando en cada una de las plantas de la tienda. Una hipótesis: si el capitalismo, digámoslo medio en broma, se ha ido convirtiendo cada vez menos en máquina y más en un espíritu líquido y profundamente inaprehensible, tal vez sea, entre otras razones, por los tecnófilos hippies que odiaban perder el tiempo desabrochando sus botones.
¿Pero somos realmente conscientes de lo que han cambiado nuestras vidas tras la aparición de Internet y las redes sociales? ¿Es legítimo hablar ya de una mutación antropológica, incluso del paso a un nuevo «hombre digital», como nos recuerdan con un no disimulado optimismo los apóstoles de esta nueva fe? ¿Representa la buena nueva de «la red» la apoteosis de una cultura de la superficialidad radicalmente opuesta a toda jerarquía cultural? Que estas herramientas han alterado nuestra existencia parece un hecho incontrovertible; que las nuevas tecnologías de la información supongan un paso adelante en la historia del progreso humano sin costes y peligros, es otro asunto bien distinto, como nos recuerda el ciberactivista y agitador cultural Jaron Lanier en su sugerente Contra el rebaño digital (Debate, 2011), una crónica imprescindible y bien ponderada para todo aquel que quiere sumergirse en el apasionante debate sobre las ventajas e inconvenientes de Internet y las redes sociales sobre nuestras vidas.
Si, como ya advirtiera McLuhan, los medios son capaces de transformar los contenidos y los mensajes, ¿qué tipo de transformaciones estaríamos sufriendo bajo la influencia de estos nuevos medios? Cabría decir, sin ánimo de exageración, que si en el pasado buscábamos adaptar la respectiva innovación tecnológica a nuestra vida, hoy estaríamos en una situación algo diferente, como si nuestra preocupación pasara más bien por el hecho de que nuestra existencia se encuentre a la altura de nuestra herramienta. Es decir, ¿cómo hemos de comportarnos para estar a la altura de nuestro Facebook, nuestro blog o de nuestro Twitter? La ansiedad por filmar, grabar y colgar nuestros momentos de forma inmediata es elocuente a este respecto. Hoy es como si la vida que no se twitteara ya no fuera vida real.
El elemento provocador del libro de Lanier radica en su diagnóstico crítico. Según Lanier, un gurú informático muy reputado en el mundo anglosajón, la concentración de usuarios digitales en redes sociales, blogs o intercambio de archivos no garantiza un desarrollo óptimo de la comunicación; es más, a diferencia de los abanderados de las nuevas tecnologías, no considera que la supuesta eficacia de una «mente enjambre» trabajando en red de forma continúa y común constituya un avance, sino más bien una sumisión de lo humano al poder de la máquina tecnológica. Por otro lado, no deberían omitirse otros peligros, como el aumento de adicciones a las redes sociales. La obsesión por estar «conectado» es fuente de ansiedades y desórdenes emocionales, como están poniendo de manifiesto últimamente los profesionales del ámbito terapéutico.
En cierto modo, este debate sobre las nuevas tecnologías de la información puede en muchos puntos relacionarse con la célebre distinción que Umberto Eco realizara en la década de los sesenta al hilo de la lucha entre los llamados «apocalípticos» e «integrados». En relación con la cultura de masas, sostenía Eco que mientras los apocalípticos valoraban en los nuevos medios, por su horizontalidad, homogeneización y nivelación, la esencia de la «anticultura», los «integrados» daban la bienvenida a estas nuevas tecnologías por impulsar el espíritu democratizador y abolir toda distancia cultural. Sin duda, estas categorías sirven todavía para definir nuestro escenario, marcado por la proliferación viral de la información a tiempo récord y por la resistencia de ciertos sectores a perder sus tradicionales marcas de identidad.
A la vista de todos los argumentos que parecen esgrimirse contra la supuesta superficialidad de Internet, no parece erróneo volver a acudir a la perspectiva de Eco. Para ciertos sectores de nuestra «aristocracia» cultural, amenazada por Internet, la idea de compartir la cultura de modo tal que pueda llegar y ser apreciada por todos es un contrasentido. De ahí que esta horizontalidad enemiga de todo vestigio vertical sea para ellos una «cultura de grado cero», por así decirlo. Por el contrario, quienes aceptan con complacencia este fenómeno, consideran que gracias a él es posible por vez primera acercar a las grandes masas manifestaciones culturales que hasta ahora solo estaban reservadas a las élites. Los aristócratas serían, pues, los pesimistas, o los apocalípticos, mientras que los optimistas serían los llamados integrados.
Breve ensayo recortado del número 103 de la Revista Cultural Turia.
Continuará en la segunda parte...
martes, 16 de octubre de 2012
España a la cabeza de Europa en fracaso escolar y mala inserción laboral de sus jóvenes.
Según el último Informe de Seguimiento de la Enseñanza Para Todos (EPT) en el Mundo, publicado por la UNESCO, uno de cada tres jóvenes españoles de entre 15 y 24 años dejaron sus estudios antes de acabar la secundaria, frente a la media europea, que habla de uno de cada cinco. Para los responsables del informe, las cifras de abandono escolar en España son "preocupantes" habida cuenta de que se trata de un país "duramente golpeado" por la crisis y donde el paro juvenil superó el 50% en marzo de este año. El estudio recupera además la expresión "ninis" (ni tienen trabajo ni lo buscan), al señalar que "al menos un cuarto de los jóvenes españoles que dejaron sus estudios al acabar el primer ciclo de enseñanza secundaria y un quinto de los que la abandonaron después del bachillerato en la actualidad tampoco buscan empleo".
"Crear puestos de trabajo per se no va a ayudarnos a salir de la crisis", indicaron los autores, para quienes, "Europa debe formar a jóvenes con competencias profesionales adecuadas, con experiencia previa y con capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías".
Insisten en fomentar las prácticas y en mejorar la formación profesional Por ello, desde la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) se insiste en fomentar las prácticas y en mejorar la formación profesional como se ha hecho "con gran éxito" en Alemania, a fin de preparar a los jóvenes para el mundo laboral.
El esfuerzo merece la pena, según los cálculos de la institución, que estima que cada dólar invertido en educación y en competencias supone un retorno de 10 dólares para la economía del país inversor.
El que tenga oídos para oir.......
miércoles, 19 de septiembre de 2012
La Fundación EHAS.
La Fundación EHAS trabaja para mejorar la atención de salud en zonas rurales y aisladas de países en desarrollo, utilizando para ello las TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones). Ponemos la tecnología al servicio de las personas para llevar la salud allá donde no llega, conectando al personal de atención para que puedan consultar sus dudas, enviar y recibir información epidemiológica o coordinar el traslado de pacientes urgentes. Apostamos además por las valiosas oportunidades que en estas regiones abre un uso apropiado de la telemedicina.
En este contexto... Las terceras Jornadas Internacionales sobre Investigación en TOC para el Desarrollo Humano se celebraron en Cuzco (Perú) entre el 2 y el 4 de Julio de este año...
Carlos Rey Moreno. Ingeniero en Telecomunicaciones por la Universidad Carlos III de Madrid y Licenciado en Cooperación en Desarrollo y Relaciones Internacionales por la Universidad de Aalborg (Dinamarca).
Es miembro de la Fundación EHAS desde Marzo de 2007 desde donde realiza tareas de investigación e innovación en el campo de las infraestructuras inalámbricas de banda ancha para la conexión de zonas rurales y aisladas de países en vías de desarrollo. En este contexto, ha participado también en tareas de despliegue de las redes que la Fundación ha instalado en Perú.
En la actualidad, está contratado por el Departamento de Teoría de la Señal y Comunicaciones de la Universidad Rey Juan Carlos, y forma parte del Grupo de TIC para el Desarrollo Humano, dentro del cual está realizando su Tesis Doctoral a través del Máster de Redes Telecomunicaciones para Países en Desarrollo; trabajando en la actualidad en zonas rurales de Sudáfrica...
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